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Un diario íntimo revela los últimos meses de la vida de Albert Einstein

Escrito en alemán, abarca el último año y medio de la vida de Einstein. Su autora, que murió en 1981, se propuso mostrar el lado humano del famoso científico.



Dan Glaister. .
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Probablemente Johanna Fantova haya tenido uno de los trabajos más difíciles en el campo de la ciencia. Se ocupaba de desentrañar una maraña de materia y espacio y de imponer un orden en un embrollo de masa, energía y longitud que cautivó a los científicos durante décadas. Su tarea consistía en cortarle el pelo a Albert Einstein. Fantova, una curadora de mapas checa, 22 años más joven que Einstein, compartió los últimos años de vida del científico. Navegaban juntos, se llamaban por teléfono con frecuencia y hablaban de las muchas visitas que Einstein recibía en su casa en Nueva Jersey, Estados Unidos, cuando estaba enfermo.

La relación salió a la luz en un diario de 62 páginas escrito por Fantova y que se descubrió entre sus papeles en el mes de febrero. Escrito en alemán, abarca el último año y medio de la vida de Einstein, desde octubre de 1953 hasta abril de 1955. En su introducción, Fantova se propone que conozcamos mejor a Einstein, “no como el gran hombre que se convirtió en leyenda mientras aún estaba con vida, ni como el científico reconocido, sino a Einstein como un personaje humanitario”. Sin su candor, probablemente nunca hubiéramos sabido de Bibo el loro. Un instituto médico se lo había regalado a Einstein para un cumpleaños. Una vez, cuando creyó que el animal estaba deprimido, intentó alegrarlo contándole chistes malos. El loro se recuperó. Pero, ¿cómo le pagó al científico? Contrayendo una enfermedad que terminó contagiándole.

Fantova también cuenta que, lejos de estar aislado en una introspección abstracta, Einstein se interesaba por los hechos del momento. Era crítico del candidato presidencial demócrata Adlai Stevenson y defendió al científico nuclear Robert Oppenheimer, quien lideró el proyecto norteamericano para construir la bomba atómica, de los ataques del senador Joseph McCarthy. “Oppenheimer no es un gitano como yo”, le dijo Einstein a Fantova. “Yo nací con la piel de un elefante; no hay nadie que pueda lastimarme”. “Esta persecución política de su colega le causó una profunda desilusión y una gran amargura”, escribió Fantova, refiriéndose al efecto que tuvo en Einstein la persecución de Oppenheimer por parte del comité parlamentario encabezado por McCarthy.

“Se expresaba con mucha convicción sobre la política mundial, se sentía parcialmente responsable por la creación de la bomba atómica y esta responsabilidad lo oprimía profundamente”. Frecuentemente, Einstein fingía estar enfermo para evitar la gran cantidad de visitas que llegaban a su casa en Princeton. Pero no pudo hacer nada para alejar a quienes le deseaban buenos augurios y le escribían pilas de cartas. “Me escriben todos los maniáticos del mundo”, le dijo a Fantova, aunque siempre respondía con cortesía. Así, el ansioso que quería convertirlo al cristianismo era rechazado educadamente, mientras que alguien que buscaba autógrafos veía cumplido su deseo.

“Una mujer, en una ocasión, le escribió pidiéndole siete autógrafos para dejarle como herencia a sus hijos, porque no tenía nada más para darles”, escribió Fantova el 15 de octubre de 1953. “Se los mandará aunque no cree su historia”. A Einstein también le preocupaba su reputación en el mundo científico, donde para la época de su muerte la atención ya no estaba centrada en su teoría de la relatividad. “Los físicos dicen que soy un matemático y los matemáticos dicen que soy un físico”, le dijo a Fantova. “Soy un hombre completamente aislado y, aunque todos me conocen, hay muy poca gente que realmente sabe quién soy”.

Fantova y Einstein se conocieron en Alemania en 1929. Los padres de Fantova tenían un salón en Praga, el Fanta Salon, que incluía a Einstein y a Franz Kafka entre sus invitados frecuentes. Einstein viajó a Estados Unidos como refugiado de la Alemania nazi en 1933. Fantova llegó a Princeton en 1939, donde Einstein la contrató para organizar su biblioteca personal. Einstein y Edgar Hoover, que fue director del FBI, escribieron una carta de recomendación cuando Fantova solicitó la ciudadanía estadounidense. Fantova murió en 1981, a los 80 años.

Aunque intentó publicar el diario antes de morir, no logró conseguir un agente y el diario quedó en sus archivos personales. Recién este año salió a la luz, cuando un grupo de académicos de Princeton empezó a investigar un proyecto sobre parejas históricas asociadas con la universidad. Fantova escribe en su introducción que, en un principio, no era su intención escribir un diario del tiempo que pasó con Eisntein. “Sin embargo, en los últimos años de su vida”, escribió, “me convencí de que estos monólogos eran de gran interés como documentos históricos, ya que arrojan luz sobre el hombre y su época”. Al final de su vida, cuenta Fantova, Einstein todavía podía encontrar una actividad donde descargar su energía y canalizar su mente analítica: la navegación.

© The Guardian.
Traducción de Claudia Martínez.
Extraído del Diario Clarín  29 DE ABRIL DE 2004


 

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Última modificación: 21 de marzo de 2017