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| Steve Irwin, el "Cazador de Cocodrilos" ambientalista, conductor televisivo y zoólogo El australiano Steve Irwin nació el 22 de febrero de 1962, en la ciudad sureña de Melbourne, en Australia. Pero se mudó a la tropical región de Queensland donde sus padres tenían un pequeño parque con reptiles y animales salvajes. Pasó su infancia entre cocodrilos, a los que atrapaba para llevarlos a la granja de su padre, la que después pasó a administrar en 1991 y llamó "Zoológico Australia". Steve tuvo su primer encuentro importante con un cocodrilo a los 6 años, época en la que además, para su cumpleaños, sus padres le regalaron una serpiente pitón de más de tres metros de largo, a la que bautizó Fred. Irwin fue aventurero por naturaleza, valiente y lleno de una vitalidad y excitación propia de un niño grande. Sus padres, también defensores de la naturaleza, no sólo le transmitieron la curiosidad, la dedicación y el cuidado del mundo animal, sino que además le traspasaron la organización del Australia Zoo que fundaron y que ahora manejan Steve y su esposa norteamericana - y compañera de aventuras- Terri, y donde crecen su hija Bindi (1998) quien vive en el zoológico, ama las arañas peludas y las serpientes pitones como su padre y parece muy entusiasmada en querer continuar la historia familiar y su hijo Robert Clarence (2004). En un ambiente ecologista, no parece causalidad que Steve se haya casado en 1992 con una naturalista norteamericana que fundó su propio centro de rehabilitación de animales, Cougar County, donde rehabilitaba pumas y osos dañados y los soltaba de nuevo en la naturaleza. Su padre le enseñó desde muy niño a cazar cocodrilos, no para exhibirlos como trofeos, sino para reubicarlos en pantanos menos peligrosos y así salvarles la vida, y de eso ha hecho su honorable profesión. En su serie se pueden ver imágenes de su niñez cuando su padre lo llevaba a los pantanos y le enseñaba el arte de capturar estos gigantescos reptiles. De esa manera, Steve ayudó activamente a su padre, Bob Irwin, a rescatar y trasladar varios cocodrilos en los ríos de North Queensland. Ellos dicen que al menos 100 de esos cocodrilos se encuentran hoy, sanos y salvos, en su Zoo de Australia. Terri Raines , su esposa, nació en Oregón en 1965 y también continuó el trabajo de su padre de cuidado de la fauna salvaje. En 1991, después de trabajar como asistente de una veterinaria, la exploradora norteamericana visitó el zoológico de Steve en uno de sus viajes a Australia y la combustión fue instantánea. Terri es desde entonces su compañera de aventuras y también la co-protagonista de todos sus documentales. Fue su amigo John Stainton, un productor de televisión, quien decidió que las aventuras del bravo Steve en la selva australiana debían quedar registradas para la posteridad. Así nació, en 1992, Cazador de cocodrilos, el primero de una larga serie de documentales televisivos que ya cautivaron a más de 200 millones de espectadores en 120 países. A la serie original, Steve y su esposa, Terri, le agregaron varios documentales llamados “Croc Files” que fueron nominados al premio Emmy. Más adelante lanzaron una nueva serie, “Los diarios del cazador de cocodrilos” en el que se ve el trabajo que la pareja y su staff de colaboradores realiza en su Zoo de Australia. A diez años de haber comenzado a documentar televisivamente la pasión de Steve por los cocodrilos, el mismo director, John Stainton, lo llevó a la pantalla grande en el 2002. En la película infantil El cazacocodrilos Irwin hace de sí mismo, aunque esta vez, al rescatar a un cocodrilo que acaba de tragarse la caja negra de un satélite norteamericano que se autodestruyó mientras orbitaba en el espacio, el héroe se mete en medio de una intriga de espionaje internacional. Steve ya había aparecido brevemente en cine, también haciendo de sí mismo, en la película de Eddie Murphy Dr. Dolittle, en la que un veterinario podía hablar con los animales. Antes de que Steve cumpliera diez años su padre ya le había enseñado a saltar sobre cocodrilos y a capturar serpientes letales sin causarles daño y evitando ser mordido. Ya sea enfrentándose cara a cara con cocodrilos (su gran pasión), manipulando una venenosa serpiente Fer de Lance o buceando alrededor de hambrientos tiburones en el lejano oeste australiano, la destreza y energía de Steve son arrolladoras. La riqueza de Irwin consistia en la manera en que transmitía su espontánea pasión por lo que hacía. Su exclamación famosa, “Crikey!”, suele venir acompañada de algún riesgo físico, aunque Irwin explicaba, una y otra vez, que no hay tanto peligro como parece. Sobre todo, cuando hay de por medio una destreza aprendida en decenas de años de práctica, años de manipular animales que, para quien no esté acostumbrado, podrían resultar feroces, y hasta mortales. Desde su serie, en la que lo único que caza son imágenes de sus encuentros con los cocodrilos (algunos de ellos son legendarios, y varios de sus “archienemigos” residen en su zoológico) Steve y su mujer Terri contagian su pasión por preservar la vida animal. En una de sus últimas excursiones por la inexplorada costa oeste australiana, los Irwin mostraron también como alimentar tiburones. Por supuesto que para hacerlo Steve se mete al agua infestada de mandíbulas. El encuentro con el peligro está en su naturaleza. O no sería Steve Irwin. “¡Crikey!”. Irwin presumía que nunca había sido mordido por una serpiente venenosa o haber sido herido seriamente por un cocodrilo, aunque admitió que sus peores lesiones fueron provocadas por loros. Como una de sus anécdotas, se lo recuerda cuado comentaba, "No sé qué tengo con los loros, porque siempre ellos me muerden". "Una vez una cacatúa me rajó la punta de mi nariz. No sé qué tienen en contra mía", agregó. Fallece trágicamente el 4 de setiembre de 2006 en una filmación de sus documentales por la picadura de una mantarraya de gran tamaño quien clava su cola directamente al corazón de Steve. |
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